La Azucena y la Rosa

La Azucena, la Rosa, el Lirio, la Violeta, todas flores bellas que engalanan un jardín, son alegría y oasis para  quien las mira, si los jardines terrenos brindan serenidad y paz, cuanto más el jardín del Cielo engalanado con todas las flores del mundo, en sus santos, mártires y creyentes. 

La Azucena de Quito "Mariana de Jesús" y la Rosa del Guayas "Mercedes de Jesús Molina", son presencia constante en el jardín celestial, ellas, mujeres de profunfa fe y convicción, no negaciaron valores, porque nacieron para Dios y para los demás.

 

Mariana de Jesús, la Azucena de Quito, nunca negoció su fe, su amor a la oración, mortificación, al celo por la misión, el acompañar a quien se acercaba buscando un diálogo, un consejo, una ayuda; promover a la niñez indígena a través de la formación; emitir un criterio desde la experiencia de Dios; la pureza de corazón; la comprensión....

 

Mercedes de Jesús Molina, la Rosa del Guayas, con su vida nos dice que no se puede negociar el amor a Dios y el amor al hermano; el apasionamiento por la misión; el compromiso con la orfandad; la libertad de pensamiento, el despojo de las cosas materiales; la vida espiritual, las convicciones para trabajar en favor de los desamparados; el perdón; el diálogo; la misericordia; la humildad; la sencillez, el apoyar en una educación personalizada y actual..

 

La Azucena y la Rosa bebieron de un mismo corazón: el corazón de Jesús

La Azucena y la Rosa dos laicas, con profunda experiencia de Dios,  enamoradas del Reino

La Azucena y La Rosa, penitentes hasta el extremo, todo por amor a Dios y al hermano

La Azucena y la Rosa, mujeres de la época, profetas, apóstoles, misioneras, madres

La Azucena entrega la vida por la Patria Ecuatoriana a sus 26 años. La Rosa entrega toda su vida a la misión, Orfandad y a una Congregación Religiosa (45 años como laica y 10 como Religiosa)

La Azucena muere como laica convencida de que conocer a Dios y no seguirle es fragilidad. La Rosa muere como consagrada, convencida de que si no ama a Dios a quien ha de amar.

La Azucena y la Rosa, flores maravillosas que emanan bendición  y vida donquiera que son sembradas.

 

Hna. Marina Aguilar Vázquez

Religiosa Marianita