Toque Místico

  Toque Místico.

Preciso, cuando Mercedes iba a contraer su matrimonio surge una violenta tempestad: duda, desasosiego, sentimientos confusos, etc. La fuerza del Espíritu en su interior la sacude. Ella desconoce el fenómeno, por el momento, lo sabrá más tarde. Es un “Toque místico, donde tipo contemplativo”[1], la Buena Noticia que le libera de la indecisión. El

 Señor la seduce, invitándola a consagrarse totalmente a su servicio”[2] […], después, seguirán otros dones sobrenaturales. Maravillosa caricia de Dios.

 

Mercedes por sus atractivos singulares fue objeto de las miradas de muchos jóvenes. Un caballero la solicitó en matrimonio. Mercedes enamorada, su corazón palpita fuerte al compás de los días prefijados para su Boda.

 

En el centro de su ser, el Dueño de su vida, vibra con vehemencia insólita. Se interroga. ¿Qué significa esto? No encuentra respuesta. Dios tiene su tiempo y su hora. “Los caminos de Mercedes están bajo la mirada de Dios, él vigila todas sus sendas” (Prov. 5,21).

 

Ama con pasión a su futuro esposo, la fidelidad al compromiso, la conduce hacia las nupcias pero la voz del Señor susurra quedo, dejándola inquieta. El Cristo de su habitación le atrae con f

uerza irresistible. Entra en batalla abierta: el matrimonio o Cristo.

En esta “noche oscura” de su espíritu surge la luz. “Triunfa la gracia en su corazón,… Cuando pensaba en su futuro esposo, le bloquea un remesón que le conmociona,… se le viene la idea [aunque sin razón,…], que su prometido trata de engañarla,… A la vez, siente un “impulso de la gracia tan poderoso” que resolvió desde ese instante no amar otro objeto que a Dios consagrándose desde aquel día con voto de castidad”[3][…]. Voto que engendra la maternidad espiritual, destinada a ser Madre de un nuevo Instituto religioso. “La renuncia a un amor supone la existencia  de otro amor porque  el corazón nunca está ocioso”. Afirma, Secundino Castro.

 

El mirar de Cristo, aún sin ser captado por ella, “la deja llena de dones y gracias […]. Una mirada llama a otra y una gracia a otra, señala el mismo autor”[4]. Esto sucede con Mercedes, que desde este momento, traspasado su corazón por el  divino amor, renuncia a todo. “Buscó al amor de su alma y lo encontró, lo abrazó y no lo soltó”… (Cant 3, 2; 4). “Jesús, Señor de su vida la prepara para favores muy señalados, le da la gracia de la oración de quietud, unión con El”[5] [en casa de su hermana]. Inicia un nuevo camino a los 21 años, camino matizado por  signos amorosos que le hacen libre y le levantan a la cúspide más eminente, al Misterio divino. 


[1]HARO V. LUZMILA, 165-166.

[2]Ibid., 140.

[3]A1, 8-9, 73-74.

[4]CASTRO SECUNDINO, Hacia Dios con San Juan de la Cruz, EDE, Madrid 2002, 106.

[5]A2, 11, 79.