Amor a la misión

"Acuérdate que si Dios quiere de tí que dejes la casa, como yo creo que es así y te lo dije otras veces, no vale que tú dilates la ejecución; haz este sacrificio aunque te cueste mucho desprenderte de la familia. Arregla tus cosas lo más pronto y llégate a Cuenca y de allí entrarás a la misión. No morirás de hambre, pues plátano hay en abundancia. Si llevas alguna contigo, avísame para que lo sepa de antemano; a lo menos una llevarás por compañera..." (Carta enviada por el P. Domingo García  a Mercedes de Jesús Molina, invitándole a la Misión en Gualaquiza en el año 1870)

 

El corazón de Mercedes Molina apasionado por Jesús el Misionero del Padre, recibe esta invitación, como una señal del mismo Dios, sin tardanza ni titubeos inicia su preparación para la Misión: Ora, busca compañeras: dos de sus niñas huérfanas quisieron seguirla y acompañarla. Busca autofinanciamiento: Salió nuevamente a mendigar en las casas y calles de Guayaquil, reuniendo lo necesario para el viaje misionero, se desprende de lo más querido: su familia, su Patria Guayaquil, allí estaban sus amigos, conocidos, miembros de su status social, donde tantas veces la habían visto en fiestas y reuniones sociales, con sus lujosos y elegantes trajes, lugar donde circuló un parte matrimonial, indicando su próximo enlace. Tierra de tantos recuerdos, testigo de su despojo total:  sus joyas, perfumes y vestidos de tela extranjera fueron repartidos enrtre los pobres, su hacienda, herencia de sus padres fue entregada a la construcción del templo de San José, se apartó de los lujos de la casa de su hermana para vivir en un gallinero, acompañando y cuidando a sus niñas huérfanas. Estos sentimientos y recuerdos no fueron obstáculo para responder con prontitud al llamado de Dios a una verdadera "Misión Ad Gentes". En el año 1870, aquellas tierras estaban habitadas por hombres y mujeres que nunca escucharon hablar de Dios, tierras y culturas totalmente diversas. Aquí se habla de una verdadera Misión Ad Gentes: "Pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos. (Redemptoris Missio 33).

 

Ya en la Misión, junto a sus compañeras y los P. Jesuitas, hace vida las Palabras del Maestro: "he venido para que tengan vida y vida en abundancia" (Jn. 10,10) ; despliega toda clase de apostolado,integrando fe y vida: es catequista, enfermera, maestra...Su único objetivo era "ganarlos para Dios"

 

En la Misión, cobijada por la naturaleza que le habla de Dios, redacta las Constituciones para el Nuevo Instituto que debía fundar.

Desde la experiencia Misionera quiere para su Instituo el tinte misionero, así describe: "Cooperadoras suyas en el anuncio de la Palabra para la construcción del Reino. Anunciar la salvación a los pobres sin apoyo, sin amparo, enjugar las lágrimas del corazón arrepentido; clamar por la liberación de los que sufren prisión o condena y consolar los corazones afligidos" (Const. n° 6)

 

La opción misionera de Mercedes de Jesús, la hizo desear "tener alas como la gallina para abrazar a todos sin distinguir a los unos ni a los otros, creyéndoles a todos sus propios hijos en el Señor, estos sentimientos de amor y caridad con todos, le movió a que los  fines de su Instituto sean tantos cuantos corazones afligidos en el mundio los hay" (A.1,127). La misión de la Marianita se extiende a todos los seres humanos, particularmente por la niñez huérfana y sin amparo, por la indigencia sin apoyo, por la juventud expuesta al peligro de perderse, por los que han degradado en su ser la imágen de Dios; por quienes sufren privación de la libertad a causa de la injusticia.

 

La Misión hoy invita a optar por los nuevos rostros de orfandad, ir más allá de las fronteras, desplazarse, llegar a los desiertos, las periferias, allí donde la vida clama por una mayor dignidad de hijos e hijas de Dios.